- ¿La has leído?
- ¿El que? -Pregunto Nate.
-Nada. -Dije yo mientras me iba del comedor. No había pensado mas en la carta hasta ahora.
Nate me siguió.
-Ha este paso no comerás nunca mas. -Dijo.
- Lo se, y Bianca y tu tampoco.-Dije yo desanimada.
- Nosotros comemos un día si un día no.
-Igualmente no coméis todos los días.
-Yo no estaría tan segura de eso.
-¿Que? -Pregunte del todo confundida.
-Mira. -Dijo mientras sacaba dos bocadillos de la cartera y me sonreía.
-¿Bocadillos?
-Si, uno para ti y uno para mi.
-Estas mal de la cabeza. -Dije riendo.
-No, solo soy previsor.
-De acuerdo, señor “previsor”, ¿Donde quieres comer? -Dije cruzando los brazos.
-En el jardin. -Dijo mientras me cogía del brazo.
-Me arrastro hasta el jardín del instituto. Comimos debajo de unos pinos que habían en el césped. Hacia mucho calor. Tuvimos que comer muy deprisa porque nos quedaba poco tiempo para comer. Nate me acompaño a casa por la tarde. Para mi mala suerte estaba mi madre por lo que Nate se fue enseguida. Solo dijo:
-Te llamare.
-Vale. -Respondí.
Cuando se fue, entre en casa. Mi madre me preguntó:
-¿Que hacia Nate acompañandote? -Dijo con voz mas curiosa de lo normal.
-Mama, no pienses mal ¿Vale?
Antes de que me preguntara nada mas, subí a mi habitación. Me di cuenta, que echaba en falta mucho las excursiones a la playa. La playa era mejor que estar en mi habitación. Cuando entre en la habitación, lo primero que vi fue la carta. Cerré la puerta detrás de mi y deje la cartera. No sabia si leer la carta. La cogí y me senté en medio de la cama. Me pase una hora mirando la carta hasta que al final, no pude resistir la tentación.
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¿Que os he dejado con la intriga?
jaja soy mala, ya lo se
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